Así nos imaginamos las olas. Entre cientos de miles de millones de personas que transitan diariamente por esta ciudad que abarrota avenidas con ambulantes que despliegan sus comercios sobre las banquetas para ganarse el pan de cada día. Una ciudad que disfraza su nobleza con imponentes construcciones sobre Paseo de la Reforma y opaca el ruido de la naturaleza con el ronroneo de los autos que rodean al Bosque de Tlalpan.
Una ciudad llena de gente trabajadora, que va y viene a todas partes como las olas del mar. Es la urbe metropolitana más grande y mayormente poblada de todo el mundo. Es el epicentro de sueños e ilusiones que se ven cosechados con el danzar de la bandera nacional y con el silbar de los pájaros que vuelan entre las copas de los árboles.
En esta metrópoli de contrastes hay personas que diario despiertan con una idea, un pensamiento, una planeación de qué hacer el fin de semana o a dónde viajar el puente del día feriado.
Detrás de todo este mapeo del imaginario, está un estilo de vida que una vez que lo pruebas, difícilmente lo puedes abandonar. Una vez que sientes el foam y la fibra de vidrio firme bajo la planta de tus pies, te das cuenta que nunca lograrás bajarte, obligando a tus sentidos a crear imágenes apoyadas en objetos que estén siempre a la mano.
A propósito, te compras una patineta para sentir el fluir de las olas sobre el duro concreto con el deslizar de las ruedas. Es un cambio que definitivamente moldea tu forma de pensar.
Esa sensación de estar parado sobre el océano o como dirían algunos “volando”, es el sincero encanto de un cuento de hadas que reconecta el espíritu con nuestras emociones y es el momento donde la naturaleza llama a todos ellos que a pesar de estar a tantos kilómetros dentro de una lejana ciudad; desayunan, comen y cenan este deseo. Este retrato que día y noche traen en la mente, ya sea el lunes en sus labores o el jueves bebiendo una cerveza dentro de un püb de la colonia Condesa.
Este deporte que se distingue por captar las imágenes más hermosas del globo y los recuerdos de viajes extraordinarios que los capitalinos con facilidad guardan en sus corazones, extiende ese cosquilleo por todo nuestro cuerpo, despertando las endorfinas que inyectan de felicidad a nuestro cerebro.
Así se vive el surf en el Distrito Federal. El lugar de las multitudes; donde los citadinos amantes de las olas, practican su estabilidad caminando entre la marejada de gente dentro del metro Pino Suarez o mejoran su condición física saliendo a correr a “El Sope” en la segunda sección del Bosque de Chapultepec después de completar su jornada de trabajo.
Ese momento en el que dibujan mil veces en su mente los movimientos que realizarán en su siguiente aventura y repasan una y otra vez los errores del viaje anterior, son lo que hace que el surfista del D.F. se le erice la piel cada que ve un video en las redes sociales, cada que lee una entrevista que le hizo el diario local a su surfista favorito, cada que conoce a alguien con la misma pasión y el mismo deseo de manejar muchas horas en carretera para disfrutar de unos días remando contra corriente y saboreando de unos ricos marisco para acompañar la dicha.
Para muchos sería una pérdida de tiempo conducir unas cuantas horas “Parados en el Líquido” como titularía el director estadounidense Dana Brown a uno de sus documentales, donde logra captar el verdadero sentir del surf en todo su apogeo. Pero para los amantes de esto, traspasa las fronteras de un simple recorrido; es todo un rompecabezas que el aficionado fue armando con el pasar de los días. Días que aumentan las emociones al saber que pronto llegará el momento de disfrutar del agua y la compañía de los surfistas locales, mismos que siempre tendrán un buen consejo para mejorar tu entrada al océano, tu manera de remar la ola o te proveen de mejores técnicas para ponerte de pie.
Son varias las razones que el surfista tiene para gastar unos cuantos pesos de más en un viaje de fin de semana.
El estar flotando sobre el agua te da muchas lecciones. Como hombres de ciudad, estamos en constante cambio y vivimos en un esquema de presiones innecesarias a causa de tensiones en el empleo o algunas fricciones en el entorno familiar y social. Por ende, a los que lo practicamos, nos enseña a fluir, a ver la vida con la ola a favor y no luchando contra ella. Nos enseña a ver nuestros objetivos de una manera distinta y lo más importante, nos enseña a ser entes que pertenecemos a la naturaleza y a verla como un factor unificador que otros no pueden entender.
En ocasiones escuchas en alguna fiesta a algún amigo que visitó Puerto Escondido en las Fiestas de Noviembre y comentó que la brisa trajo un oleaje estupendo a todas sus playas o a una conocida que aprendió a surfear en un roadtrip familiar a Sayulita, agregando que al principio le costó mucho trabajo levantarse, pero que con el paso de los días consiguió la estabilidad y hasta curvear un poco la rompiente; u otro no tan conocido te oye hablando del tema y fácilmente se integra a la plática para compartirte sus viajes que organizó entre amigos a La Ticla o algún otro sitio un tanto secreto que investigó navegando en internet.
Sin duda es un deporte de comunidad, donde la fraternidad le da un valor agregado al viaje y donde el compartir esa sensación, lo hace algo increíble.
Recuerdo una entrevista en Planeta Surf donde leí un reportaje que le hicieron a los hermanos Polidura, del Distrito Federal, quienes afirmaron lo siguiente: “no pararemos hasta que tengamos vida, el surf es por siempre.”. “Al principio fue horrible, aunque ya teníamos una tabla que nos trajo mi abuelo de Hawai, sólo nos llevaban a Acapulco en las vacaciones de semana santa, las vacaciones de verano y las de diciembre. No nos llevaban diario a la playa, llegábamos tarde, no había revistas de surf…” agregó así el mayor de los Polidura (Alfonso) quien además es Secretario de la Federación Mexicana de Surfing.
No importa si es en tabla larga o en la corta, en ola grande o chica, no importa si eres principiante o todo un experto, o si es en boggie board o sobre una tabla de skim; el mar siempre tendrá un espacio para ti. El mar abrirá sus brazos para abrazarte y hacer que olvides los problemas cotidianos, conviviendo con buena vibra y reconociendo -aunque suene algo trillado- otra parte que no conoces de tu interior.
Al principio el miedo te rodea, ya que estás adaptándote a una nueva situación, una nueva circunstancia poco frecuente en tu cotidianeidad. Luego tu cuerpo comienza a acostumbrarse a la posición sobre la tabla y tu confianza -no sólo al levantarte sobre la ola, sino en la vida- empieza a subir y tu visión de las cosas las ves definitivamente desde otra playa. La perspectiva cambia y dejas de ver el mar desde la palapa del corporativo en Santa Fe y comienzas a entender el sentir de todos los que viven dentro del agua, sumergiéndote en un nuevo estilo de vida, porque eso es el surf.
Por momentos –si eres adulto- regresas a aquellos años cuando tu abuelo o tu papá te enseñaron a nadar en la Alberca Olímpica en las inmediaciones de la avenida Río Churubusco y aunque ya sabes levantarte, cada ola es diferente y te obliga a reaprender de cada una de ellas. Así me parece que se siente cuando siendo un citadino de la “Gran Capital” comienzas a practicarlo.
El surfista defeño es el surfer de la planeación (por todo lo que implica), definitivamente ser un surfista en la Ciudad de México, requiere principalmente de tiempo y de buena organización, y de mucha ilusión.
Un deporte repleto de generosidad en su superficie, en su gente, en su ambiente. Un deporte que te permite probar distintas alternativas y el cual es sin duda en un lenguaje universal. Un lenguaje que lo practican personas de todo el mundo y aunque poco lo parezca, los defeños forman parte de esta gran familia, la familia del surf.
El surf es más que un deporte, es más que un estilo de vida; es simplemente, la vida.
Por Simon Abdul M. K.
México D.F. Noviembre 2013

Por cuestiones del destino y de mi amistad con Benjamin “Sancho” Sanchis, free surfer de Billabong Europa y leyenda de olas grandes en el viejo continente y ganador también el XXXL de años atrás, tuve la oportunidad de participar en la misión a Belharra.

Esta foto es por atrás de la ola…
Al ver el ruido mediatico que estaba haciendo el swell Hercules, me puse en contacto con Sancho, a quien ya había visitado un mes antes para hacer step offs en La Nord en uno de los días mas grandes a la fecha (según palabras de los locales). Sancho me dijo: Tengo a Shane Dorian en tu cama, pero puedes venir y quedarte con unos amigos, pero tienes que llegar hoy en la noche para partir mañana en la madrugada a Belharra… por lo que me prepare en un rato y maneje 2:20 horas desde las montañas de los Pirineos (donde estoy viviendo por el momento) hasta el bonito pueblo de Hossegor. No quería perder la oportunidad de dicha experiencia.

Shane Dorian y Guillermo Lecumberri (pionero y legenda del tow in en el pais Vasco),
En la mañana nos vimos en su casa y partimos rumbo al puerto de Handaye, donde ya estaba preparado todo un operativo de seguridad y filmación para grabar la sesión de Shane Dorian, Sancho, Justine Dupont (chica), Twiggy Baker y Jamie Mitchel remando la ola (a mano limpia)….
Salimos en un par de lanchas y jet skis a encontrar la ola a unos kilometros mar adentro y empezó el show….

Justine Dupont, la única mujer en surfear Belharra ese día… si no me equivoco es campeona mundial de longboard...

De izq a derecha Benjamin “Sancho” Sanchis, Shane Dorian y al fondo Justine Dupont (la única mujer en el agua ese día)….Fue la primera ola corrida en el día...
Gracias a la experiencia que he adquirido manejando Jet Skis en Pascuales, tuve la oportunidad de manejar uno y poner en posición a uno de los filmers, a la vez que trataba de sacar fotos con mi housing en la otra mano; lo cual fue bastante dificil y solo logre captar algunas tomas medio movidas ya que no te puedes desconcertar por mas de 2-3 segundos… por las consecuencias obvias que eso puede tener….

Estuvimos algunas horas y el viento no permitió que la sesión se llevara a cabo como esperado, pero aun así tomaron unas olas enormes.. al parcer la parte mas fuerte del swelll fue durante la noche…. Aun así fue una experiencia muy interesante ver a semejantes leyendas del surf de olas grandes y tener la oportunidad de participar de cierta forma en el equipo…

Después de la sesión nos fuimos todos a comer y de ahi siguió el día con el trabajo típico de los surfers de ese calibre: entrevistas, tv, radio, prensa de todo tipo y firma de autógrafos en una tienda de Billabong… Por suerte era el cumpleaños de Sancho ese día y terminamos el día de fiesta en Biarrtiz brindando con buen Champagne francés y como en todo sacrificio y desvelo surfer, al día siguiente las olas estuvieron buenísimas en Hossegor…. desvelados y cansados tomamos los jet skis y nos fuimos a sacar fotos y agarrar unos tubazos hasta que el sol ya no se veja… Me toco poner a Shane Dorian y a Sancho en unas buenas olas y luego a mi me pusieron también en un par de buenos tubos para cerrar un gran día de surfing en las heladas aguas de Hossegor…. Cabe mencionar que Justine Dupont también estuvo ese día en la sesión y es una chava que tiene el talento y la preparación física necesarios para llegar lejos en el mundo de las olas grandes… seguro veremos mas de ella próximamente…. Por lo que se refiere a Sancho y a Dorian… creo que todo esta dicho.. Legends….

Saludos a todos en Mexico y Keep Surfing… Merci la France por la hospitalidad y a Sancho y su pandilla por todo… pronto me tocara regresar el favor una vez mas en Pascuales….
Carlos HERNANDEZ




