
Por Isaac Avila Cegobiano
Fotos: Cristina Ávila Salinas, aaronchango
“Si a mí tú me dices… tú no puedes, hacer esto…nada más porque me dijiste que no puedo… lo voy hacer”.
Nos dimos la oportunidad de conocer más sobre el documental El sonar de las olas de la directora Vanessa Ishel Ortega Castillo, quien nos cuenta como nació este proyecto, la historia de una joven costeña; Elida (Candy) González nativa de playa Bonfil de Acapulco, apasionada del arte como la música, tocando el violín y el deporte como el surf.
Elida “Candy Bell” González Salinas nació con una malformación congénita en una mano, cosa que no ha sido un obstáculo para realizar lo que se proponga, a su corta edad tiene sueños y proyectos y definido lo que quiere hacer… Directora de orquesta.
Ishel, ¿Cómo supiste de Elida, y porque quisiste hacer este documental?
Cuando me pidieron que tenía que buscar un personaje para hacer una historia, yo quería tratar el tema de la resiliencia a través del arte, desde una perspectiva joven- infantil, entonces empecé a visitar las orquestas infantiles de Acapulco, cuando llegue a Bonfil conocí a Candy y luego simpatizamos.
Preferí entonces trabajar en Bonfil, porque uno de los temas que también me interesaba mucho es el mar y la cultura surfer. Y en Elida desde la primer interacción que tuvimos supe que es una joven peculiar, con diferentes matrices que mostrar pero sobretodo con una historia motivadora, tanto para grandes y chicos.
¿Cuánto tiempo duro filmarlo?
Empezamos a grabar a mediados de agosto del 2017 y en enero 2018 termino el proceso de post –producción.
¿Qué tan fácil o difícil fue filmarlo?
Todos quienes participamos en la creación del documental estábamos en proceso de aprendizaje, pero siento que formamos un buen equipo, pudimos organizarnos y entendernos bien. Así que no fue tan difícil, pero si le dedicamos mucho tiempo a la planeación.
¿Cuántos trabajos tienes, cuáles serían los que consideras con mas éxito o que fueron un reto?
El sonar de las olas es mi proyecto audiovisual con mayor impacto, pero mis mayores experiencias son en el tema de gestión de proyectos culturales. Desarrollo un proyecto llamado Tripulación NaveRadio en donde se generan contenidos audiovisuales para el público infantil, organizamos también eventos y talleres socio-formativos con el enfoque de promoción de cultura de paz y cuidado del medio ambiente.
Otro proyecto es Cine Comunal, el cual es un cine club itinerante donde proyectamos producciones regionales y naciones en lugares olvidados por las políticas culturales.
¿Has recibido premios o reconocimientos por este trabajo El sonar de las olas?
-Mención honorifica al Premio José Rovirosa 2018.
-Mejor directora mujer, en el Festival Internacional de Cortometrajes de la Diversidad Social TODOS SOMOS OTROS 2018.
-Segundo lugar en el 18 Festival de Cine de Derechos Humanos
-Fue parte de la selección de los festivales, AMBULANTE 2018,2019, MIC Genero 2018, el primer Festival de Cine Puy ta Cuxlejaltic (Caracol de nuestra vida)
-Festival de Cine documental Zanate 2019, Festival Internacional de Cine de Guayaquil 2019.
-Cine Vivo, Perth Independent Latino Film Festival
¿Qué te ha dejado poder realizar este documental?
Muchos aprendizajes en el tema de la producción audiovisión, un grato acercamiento al mundo del cine. También un equipo de colegas con quienes he realizado proyectos posteriores, pero sobretodo muchas ansias y entusiasmo para seguir aprendiendo y haciendo cine documental.
¿Trabajar con los actores (que no son actores) fue fácil o batallaste para hacer las escenas?
Cada personaje es una persona, así que depende de la personalidad de cada uno; pero en general fue un reto controlar el estrés de estar a cargo de la filmación, organizar y dirigir al equipo de trabajo y también tener un semblante sensible para captar lo delicado de nuestra protagonista y al mismo tiempo no sucumbir al carácter de una adolecente, que como todos a esa edad tenemos emociones disparadas.
¿Qué más sigue para ti cuáles son tus próximos proyectos que más vas hacer?
Hay algunos proyectos respecto al tema de la producción del documental, pero por falta de financiamiento siguen esperando. Por ahora me he dedicado más a la gestión de proyectos culturales, trabajando para llevar cine y talleres de cine a otros municipios del estado de Guerrero.
Esta semana empezamos desde IMCINE un proyecto de capacitación audiovisual, que por motivos de la contingencia su modalidad es virtual y lo que pretendemos es ser una incubadora de nuevos creadores audiovisuales en el estado.
Elida, ¿Qué haces que estudias?
Estoy estudiando música, para dirección de orquestas, clases en línea con el director Argentino Ángel Diego Merlo, también menciono a los directores; Eduardo Barrios y Reymundo García, son mexicanos, son los directores de mis orquestas aquí en Acapulco y México.
¿Qué vas a ser cuando seas grande?
Directora de orquestas & violinista profesional.
¿Te hicieron un documental después de todo eso como ha sido tu vida?
Después de eso todo cambio ja ja, por que empecé a conocer más personas que me están ayudando con mi carrera y pues he tenido más conciertos ja ja.
¿En dónde has tocado?
En el Auditorio Nacional de México, Chilpancingo, Oaxaca, el festival Cervantino de Guanajuato y Puebla.
¿Cuéntanos de tu premio de la juventud?
Me llamaron para hacerme entrega en Chilpancingo de manos del gobernador Héctor Astudillo el Premio de la Juventud en la categoría, premio Discapacidad e Integración por parte de la Secretaria de la Juventud Estatal.
En ese evento también fue reconocida la directora del documental Vanessa Ishel Ortega Castillo, en categoría, Derechos Humanos.
“Para mí, como guerrerense, y como gobernador, es una distinción y un honor estar en este evento, con ustedes especialmente con los jóvenes hombres y mujeres que han sido reconocidos por su talento. Son guerrerense como nosotros. Son orgullo de nosotros, son orgullo de Guerrero” Enfatizo el gobernador Astudillo Flores. (Milenio).
Disfruta: El sonar de las olas, disponible en línea
https://www.youtube.com/watch?v=0gqaEYxCXwE&feature=youtu.be
https://youtu.be/0gqaEYxCXwE













Por Isaac Avila Cegobiano
El reloj biológico nos despertaba muy de madrugada, tratando de estar alertas ya, mucho antes que llegara por nosotros el camarada que traía el “ride”, llamándonos con un grito, que le ganaba al canto del mismísimo gallo o con el clásico silbido, más discreto para no molestar y despertar a los vecinos, pero claro a veces se hacia el escándalo con los ladridos de los fieles guardianes.
Encendíamos la luz y salimos a dar una señal que aguantaran ya estábamos despiertos y listos para salir con la tabla bajo el brazo, emocionados porque no nos olvidaron, habían pasado por nosotros, ya el auto o la camioneta estaba ocupada por amigos que juntos haríamos esa travesía, desde el centro de la ciudad, hacia lo que hoy se le conoce como Punta Diamante.
Eso si bien nos iba, porque si no se conseguía el aventón, nos levantábamos temprano oscuro todavía, para iniciar el largo peregrinar, ir a la terminal de los “chilolos” y aventarnos el trayecto rumbo a la Cima, las Cruces, Sabana, Cayaco y llegar a nuestro destino: Puerto Márquez, de ahí caminar la vereda tropical rumbo a playa Revolcadero.
Antes, la tarde-noche anterior patinábamos haciendo maniobras en la patineta, veíamos revistas o películas de surf, eso nos motivaba bastante para ir al otro día al surf, debíamos haber soñado montando buenas olas, despedazándolas sin lugar a dudas, aunque fuéramos “pájaros” todavía, eso no importaba, lo que si importaba es que estábamos frente a las olas al fin.
Sin pensarlo más nos perfilamos hacia ellas, tomando agua de mar con la mano, nos encomendábamos ante el ser supremo, rogando que todo estuviera bien y claro, que tuviéramos una inolvidable sesión de surfing, cada quien se posesionaba del punto a su elección, sentados en la tabla de frente a la ola, remando con fuerza para atraparla, lográndolo, reinvirtiéndose la situación, porque ahora: la ola nos tenía atrapados en su magia.
Con la adrenalina al cien, eufóricos, gozosos, llenos de júbilo, dando el bajón, girando hacia el lado correcto para recorrer su energía, viendo y sintiendo ese montículo de masa acuática que estrellaba su brisa, sus gotas de mar sobre nuestro rostro, llegando al éxtasis del fin de lo que estábamos buscamos desde el principio, buenas olas para todos.
















